Hoy vengo a recomendar un libro bastante extraño, pero que no puede por menos sacarme una sonrisa por lo extremadamente friki que es, y por lo bien narrado que está.
El libro es una narración de Douglas Adams. Colgaré dos fragmentos que me han obligado a partirme el culo (y parte de la coumna verterbral) aquí...
Fragmento 1:
Arthur Dent había estado en algunos sitios infectos a lo largo de su vida, pero jamás había visto un puerto espacial con un letrero que dijera: 'Incluso viajar sin esperanza es mejor que venir aquí.'. Para dar la bienvenida a los visitantes, en el vestíbulo de llegadas se exhibía una foto del presidente de Ahoraqué, que sonreía. Era la única fotografía que podía encontrarse de él, y la habían tomado poco después de que se pegara un tiro, de modo que aún retocada lo mejor posible la sonrisa era más bien aterradora. Un lado de la cabeza estaba dibujado a lápiz. Y no habían cambiado la fotografía porque no se había encontrado un sustituto al presidente. Los habitantes habían tenido desde siempre una sola ambición, que era marcharse del planeta.
Arthur se registró en un pequeño motel de las afueras de la ciudad y se sentó abatido en la cama, que estaba húmeda, y hojeó el pequeño folleto informativo, que también estaba húmedo. Decía que el planeta Ahoraqué recibió el nombre de las primeras palabras pronunciadas por los primeros colonos que llegaron allí después deaños luz de vagar por el espacio en un esfuerzo por alcanzar los más remotos e inexplorados confines de la Galaxia. La ciudad principal se llamaba Puesvaya. No había más ciudades propiamente dichas. La colonización de Ahoraqué no había sido un éxito, y la clase de gente que verdaderamente quería vivir en aquel planeta no era muy recomendable para hacer vida en común.
El folleto mencionaba el comercio. La principal actividad económica era el comercio de pieles de puercos de las marismas, pero o estaba muy desarrollada porque nadie en su sano juicio quería comprar una piel de puerco de las marismas ahoraqueño. Dicho comercio sólo se mantenía a duras penas porque en la Galaxia había un considerable número de gente que no estaba en su sano juicio. Arthur se había sentido muy incómodo observando a ciertos ocupantes de la pequeña cabina de pasajeros de la nave...
Fragmento 2:
-Y usted pretende que yo sea su crítico gastronómico.
-Tendremos en cuenta sus prestaciones.
-¡Mata! -gritó Ford. Se dirigía a la toalla.
La toalla saltó de manos de Harl.
No porque tuviera fuerza motriz propia, sino porque Harl se sobresaltó ante la idea de que pudiera tenerla. Volvió a sobresaltarse al ver que Ford Prefect se abalanzaba sobre él por encimadel escritorio esgrimiendo los puños. En realidad, Ford sólo pretendía apoderarse de su tarjeta de crédito, pero nadie ocupa un puesto como el de Harl sin desarrollar un sano sentido paranoide de la vida. Tomó la sensata precaución de lanzarse hacia atrás, se dio un fuertegolpe en la cabeza con el cristal a prueba de cohetes y se sumió en unos sueños inquietantes y muy personales.
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